Cómo elegir y combinar hilos DMC sin volverte loca

Plantarte delante de casi trescientos colores de hilo y tener que elegir puede dar un poco de vértigo. Y no es lo mismo encontrar un color concreto que combinar varios entre sí: lo primero lo resuelve la carta, lo segundo se aprende con cuatro reglas. Estas son las que usamos en la mercería.

Antes de nada: el número manda

Cada color DMC tiene un número y ese número no cambia nunca. Apunta los que uses en cada labor: cuando se te acabe un tono, pides el número exacto y llega idéntico. Se acabó el «creo que era este azul». Si lo que necesitas es localizar un número concreto, lo tienes explicado en cómo elegir tu color en la carta DMC.

Las tres combinaciones que no fallan

1. Una sola familia, varios tonos

Tres o cuatro tonos del mismo color, del más claro al más oscuro. Es la combinación más segura que existe y la que da profundidad a flores, cielos, sombras y pliegues de tela. Si dudas, empieza por aquí: un monocromo bien graduado nunca queda mal.

2. Colores vecinos

Los que están juntos en el círculo cromático se llevan bien por naturaleza: verdes con azules, rojos con naranjas y mostazas, lilas con rosas. Dan armonía sin resultar planos. Es la base de la mayoría de los cuadros de flores y paisajes.

3. Un contraste, y solo uno

Un color opuesto en pequeña cantidad hace que todo lo demás respire: un toque de rojo en un cuadro verde, un amarillo en uno azulado. La regla es la proporción. El contraste funciona cuando ocupa poco; cuando ocupa la mitad, pelea.

El neutro que sostiene el conjunto

Crudo, beige, gris suave o topo. Un neutro de fondo hace que los colores vivos destaquen y evita que el cuadro se vuelva ruidoso. En medio punto sobre cañamazo esto se nota mucho, porque la puntada cubre toda la tela y no queda aire entre los colores.

Cómo funciona el sombreado

El volumen en un bordado no lo dan las líneas, lo dan los saltos de tono. Con dos tonos el resultado es plano; con tres o cuatro aparece el relieve. Si estás eligiendo tú los colores de una zona —el pétalo de una flor, un cielo— piensa en tonos, no en colores distintos.

El truco de la mercería

Antes de empezar, pon las madejas que vas a usar juntas sobre la mesa, a la luz del día. Si te gustan ahí, te gustarán en la tela. Si una «chirría», cámbiala antes de bordar, no después. La luz artificial cambia los tonos, sobre todo los azules y los grises, y muchos disgustos vienen de haber elegido de noche.

Tres errores que vemos a menudo

  • Elegir por la pantalla. Ningún monitor muestra el color real de una madeja. Sirve para orientarte, no para decidir.
  • Saltos de tono demasiado grandes. Si el degradado se ve a rayas, es que faltan tonos intermedios.
  • Comprar justo. Un tono que se acaba a mitad de labor puede venir de otro lote y no ser exactamente igual. Mejor una madeja de más.

Y si prefieres no elegir

En los kits de medio punto no hay que combinar nada: el cañamazo viene impreso a todo color y los hilos vienen ya seleccionados y en la cantidad justa. Se borda siguiendo el color, sin decisiones de paleta. Es la forma más tranquila de empezar.

Y si te apetece empezar un cuadro

Tenemos el catálogo de medio punto ordenado por casa, con el cañamazo impreso, los hilos y la aguja incluidos en cada kit:

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